De repente me sorprendí soñándote despierto, con los ojos en el jazmín de enfrente; una tarde cualquiera de este verano silencioso; esa tarde sabor madera y floral en la que pensé verte dibujado detrás de mi sombra, abajo de mi lecho, en una nube; y en tu recuerdo comprendí que no estabas más que muy lejos de aquí, viviendo y soñando, despierto y en silencio; como siempre te vi. Fue demasiado para mí, tal y como lo fuiste vos; y al despertar de mi sueño despierto no supe si te extrañaba o me enamorabas, al punto tal en que decidí dibujarte con lápiz y papel para colgarte cual boceto de retrato tras la cabeza de la cama, sobre la lámpara, allí arriba de todo y de todos, solo y solitario, en la sombra y silencioso como siempre te vi al soñar que te vi, y tras todo esto ya no queda más en mi mente (pues todo te lo dejé a vos en este sueño en vigilia), solo puedo dedicarme a repetirme en todos los idiomas que puedo una y otra vez, si es que te estoy extrañando, o si, quizás, me estés enamorando.
Labels: Poesía Narrativa