Es en el recuerdo en donde yo más te extraño hoy, eternidades más tarde. Porque gracias a él es que ahora el té tiene tu aroma y el café tu sabor por las mañanas, gracias a él las baladas tienen hoy tu voz y los dulces tus ojos, la lluvia tu nombre y mi piel tu dolor. Es que en el recuerdo todo es tuyo porque el recuerdo todo es tuyo y mis recuerdos todos son de vos. Y es en el recuerdo que a veces pienso lo inútil que fui, lo agradecido que estoy, el miedo que tendré. Y es raro hoy recordarte, porque sé que volverás; mas creo que mi mayor temor está en saber esperarte sin dejarte ir.
Y es que esperarte, con tu gran recuerdo, me duele más que si nunca te hubiera recordado en primer lugar;
mas es por esto que te estoy agradecido.

Posesión

Hoy te llevaste mi todo y no te diste cuenta.
Saliste por la puerta, con el tiempo a cuestas y mis sueños en tu bolso de viaje
y ni adiós pude decirte; porque te llevaste mi aliento entre tus labios
y mis palabras en tus ojos.
No te diste cuenta, tampoco, que te llevaste mi descanso
y es por eso que pasada la medianoche te escribo ahora.
Creo que ni siquiera caíste en la cuenta que me robaste la confianza de una sola caricia,
creo que tampoco supiste ver detrás de mis ojos todas las lágrimas que te estabas llevando.
Y así, me coleccionaste en media hora,
me mandaste a guardar en una caja,
y me dejaste sin luz y sin aire, te los llevaste al cerrarla.
Y ahora, aquí estoy, a oscuras y asfixiado, sin dormir y entristecido,
esperando a que vuelvas, algún día
y me saques de este tedio cotidiano
y me lleves por donde prefieras a jugar un rato, a pasar el tiempo
y a ser feliz, de nuevo.

Caricias

Fue en tus caricias,
entre tus cabellos
que perdí sin querer un trozo de granito,
sin darme cuenta, sin saber cómo, menos aún dónde.
Fue en tus caricias,
por la noche
que recordé todos los colores,
sus tonos, sus sensaciones, sus rostros.
Fue en tus caricias,
entre tus besos de miel
que entendí todas las cosas juntas,
que el universo cupo entero en un abrazo sincero,
que todas las imágenes se volvieron una,
y todas las emociones se plasmaron en mis ojos.
Fue en tus caricias,
quién sabe cuándo
que te entregué mi sangre sin saberlo,
que me encontraste, tendido en bandeja de plata,
y que me robaste, ¡ay!, sin dolor
un poco de mi vida.
Y fue entonces, en tus caricias
que te llevaste esa noche
por un lado, la piedra que yacía a mis espaldas,
y por el otro, la vida;
que latía, tibia, en mis entrañas.

Un día llegaste a mi puerta y te presentaste, "Hola, estoy aburrido" dijiste, y comenzaste a hablar. No sé quién te mandó, caíste como hoja en otoño y como lluvia en primavera; fuiste casualidad y causa, apareciste y ya era muy tarde, estabas ahí y todo estaba por ser. Creo, desde mi humilde posición, que fue así el principio de todas las cosas: Desde mi punto de vista, ese día; ese día en que llegaste; fue una nueva explosión creadora, la nueva naturaleza abriéndose paso entre lo viejo y malgastado, la renovación completa y profunda de todo el universo, el florecer del espíritu y el marchitar de las flores y de las frutas pasadas de temporada. Y en ese aleteo incesante, en ese fluír inevitable de las cosas que son como el río que fluye, que es y ya no es más, mataste a Parménides sin darte cuenta y desataste así el caos del cosmos y el cosmos del caos. Todo fue color y sombra, luz y negro, ruido, desastre y hermosura, todo fue nuevo y lo viejo se revalorizó; todo fue raro y todo fue, todo fue a la vez algo y dejó de ser otra cosa.

Y, en medio del todo,
detuviste el tiempo por un instante,
y me dijiste "Te quiero".
Y fue en ese silencio siguiente
en el que comprendí todas las cosas
y me dejé llevar.

Diciembre

Uno, dos.
El verano porteño me está matando. Todos los días veo mi aliento irse flotando, por sobre mí y por sobre las calles, para unirse con el del resto; deformando las imágenes a lo lejos, dándome esa ligera impresión de desierto que suele generar esta época del año en la gente. Los días, ahora, no solo son más largos sino que también son más ruidosos. La gente grita, ya no habla. La música aturde, los autos aturden, los trenes aturden, los teléfonos aturden, el silencioso sol aturde. Y quema.
Uno, dos, tres.
Eso sí: la luminosidad aumenta. En Verano, acá, todo brilla: Los rostros, los postes, las ventanas. Quizás sea eso lo que genere ese no se qué, ese aire expectante que aumenta a medida que se acercan las fiestas. Como todo gana luz propia ahora, todos parecemos un adorno de Navidad andante. Es ese mismo aire expectante el que aumenta, en parte, los nervios. Y todo en la caldera social entra en ebullición, de a poco: El mes del aguinaldo y las fiestas, los aumentos y el presupuesto, los exámenes las notas las vacaciones los trámites el auto la familia y las reuniones; el calor sofocante los regalos la ansiedad los llamados la casa sola y los chicos.
Unodostrescuatrocincoyseis, y el tiempo sigue:
Diciembre pasa, la gente se arremolina, la ciudad se despierta del letargo del Invierno y se despabila, el Sol arremete sin piedad cada vez que alguien abre los ojos, las horas se alargan y el tiempo falta cada vez más, se acumulan las tareas, se prolongan en vano los plazos ya de por sí muy cortos, se avecinan las tormentas del viento y del hielo, las nubes negras y las aguas turbias, todo junto en un tumulto tempestuoso de histeria y frenesí colectivos.
Uno, dos, tres: Diciembre está pasando por Buenos Aires.

Quiero que sepas que tenías razón;
que fue todo por un momento, espontáneo;
casi sin querer, y que es normal que así sea.

Quiero que sepas que te pido perdón;
que no me di cuenta a tiempo de cuán profundo hurgabas en mí;
fue mi culpa, tendría que haberte dejado ir así como te dejé llegar.

Quiero que sepas que fui un idiota;
que estaba convencido que uno mas uno era uno.
Creo ahora que la suma no existe entre almas.

Quiero que sepas que te agradezco haberme iluminado;
que sin vos no sabría hoy a dónde correr.
Ahora, directamente, no corro ni pretendo hacerlo;
prefiero simplemente rechazar, ante la duda.

Quiero que sepas que, sin embargo, fallaste en algo;
porque no seríamos uno ni lo nuestro iba para largo,
tampoco sería yo esencial en tu vida ni sabía lo que era la palabra casual;
pero tus ojos no mienten: Aún no te olvidaste de mí.

Yo

¿Dónde estás? No te encuentro;
desespero, grito.
Te busco, por cielo mar y tierra;
me obsesiona, me angustia.
¿Dónde estás? Ya no te vislumbro;
y aunque te deseo, no te resisto,
te rechazo y a la vez te necesito,
pero
¿Dónde estás? Que me estás doliendo,
te siento en falta, te siento por dentro,
como al hambre desahuciada, como al dolor intolerable,
como al alma misma yo te siento.
¿Dónde estás?
Que ya no puedo...

Rezo

Necesito un desastre, alguna catástrofe de esas tan recurrentes
para que tape un poco este silencio, para que lo maquille y arregle,
para que logre disimularlo.
Porque el silencio me aterra,
ese silencio tan quedado, tan raro;
ese que tiene sabor a nada, y un color grisáceo,
olor a casa, y la edad del tiempo.
Necesito, por un rato, asesinarlo;
y que parezca un accidente;
necesito que tome sus cosas,
toda su nada, su presencia etérea
y se vaya, despacio, como flotando
por la puerta.
Porque no lo soporto, no lo soporto más,
ese silencio de confesionario prohibido,
que lo único que hace, aquí al lado mío
es mirarme fijo a los ojos
y preguntarme:
¿Por qué?.

Falta

Sé que todo, al final, es nada y nada sirve, pero que tampoco tiene que servir, sino que es y será y así debe ser, y así soy y somos y serán las cosas. Todo eso lo sé, y también sé que no hay razones de fondo más que la del ser porque sí, porque se es; y sé que no hay nada más importante que lo demás y que nadie es más importante que el resto, que nada importa en realidad y que a la vez yo impongo importancia de acuerdo a como soy, para que las cosas sean adecuadas a mí mientras soy. También sé, luego de mucho tiempo de no saber, que esto no es causa de angustias y depresiones, sino que simplemente es y será bueno o no de acuerdo a lo que uno quiera que sea, para que sea así mientras uno es. También sé que se es desde el nacimiento y que se es a todo momento y se sigue siendo toda la vida, hasta que se deja de ser o se pasa a ser otra cosa, y desde ese momento se es otra cosa que será hasta que tenga que dejar de ser.

Sé todo esto, pero no puedo evitar sentir que, a veces, falta algo.

Eco

Dialogando con mi eco buscando conciliar el sueño me di cuenta que me faltaba algo. La pared me aseguró que no era así, pero, no sé por qué, no le creí.

Comencé a repasar mentalmente todo lo que tengo: Uno o dos afiches, mis tangos, esta hoja y este lápiz, mi lecho, cuatro paredes, un techo, una puerta, una ventana y su cortina; la lámpara... todo estaba donde debía estar. Pero no pude quitarme de encima la sensación de que algo faltaba.

Busqué mi sombra, que por suerte allí estaba; donde siempre está. Interrogué al aire, pero éste hizo mutis por el foro, nada más se limitó a lanzarme una tímida brisa de "no sé".

-"¡¿Qué está pasando?!"- grité. Ya esta vez ni mi eco se animó a responder.

Intranquilo, tras horas de cavilar sobre qué falta a mi alrededor, pude, finalmente, y tras un prolongado suspiro, dormir.

(Te acercaste, tímido pero decidido, y tras un profundo abrazo en silencio, me susurraste dos palabras al oído; y lograste con ellas desnudar toda mi soledad en tan sólo un instante...)

Desperté de repente, sobresaltado; agobiado. Un pálido -"¿Hola?"- sonó, solitario y triste.

Mi eco lo reafirmó.

Absurdido

Hay, en todas las cosas,
un aire a vacío,
un sentido ausente.
Y es así, que hoy pienso
si estoy viviendo
o si me vivo a mí;
si estoy pensando
o si me pienso a mí.
Miedo al qué será,
desidia y apatía;
desfachatez simple y pura;
límites en blanco,
o culpas en rojo.
Todas las cosas incluyen
de cada una, un poco;
y todo se mezcla,
y todo se confunde;
y al final, yo pregunto:
¿dónde están los sueños de siempre?
Porque no entiendo
si huyen de mí,
o si huyo de ellos...

Intra

Dentro de todo,
las ansias.
El deseo, el sueño;
el objetivo.
Y el tiempo juez,
mis ojos testigos,
mi mente fiscal.
Todo, junto,
en la historia, siempre;
es difícil distinguir, a veces,
cuándo se vive.
Yo no entiendo
si es el aire expectante,
si es el miedo, si son las ganas;
o si simplemente no es nada ni soy yo,
pero a veces, cuando yo no entiendo,
dentro de todo, las ansias
corren la vida.

Caber

No hay
donde quepa
todo lo que tengo,
porque me abruma
cada sensación.
Y,
sin embargo,
todo se resume a vos.

Yo sé que estás, porque yo te oigo
cada mañana,
entre las aves,
cantar;
porque yo te veo,
en cada fotografía,
por detrás de la imagen,
tímido, retraído, solitario;
porque soñar yo te siento,
cada noche, en tu almohada,
con amores imposibles de invierno,
con recuerdos de verano;
porque también yo te encuentro
como a mi ventana, en mi habitación:
iluminándola, dándole aire, abriéndose hacia adentro.
Yo sé que estás,
porque yo te quiero.

De noche

Cae la lluvia, lentamente;
hoy es día de tormenta.
En el horizonte las nubes lo aclaman.
En mi sien mi piel lo siente.
Noche helada, bien de invierno;
con el viento en las calles,
con el corazón hecho hielo.
Recuerdo tus ojos,
mientras el agua moja mi rostro.
Y tu rostro, también mojado.
De a poco, va caminando el féretro,
de a poco va saliendo la luna.
De allí, del fondo, emergen las estrellas;
de aquí, pero también del fondo,
se escucha el aletear de mis mariposas.
Y allá, bien lejos,
más nubes se reúnen,
más olas susurran blasfemias.
Se excava la fosa, se borran todas las huellas en mí;
y sin embargo sigo recordando tu nombre,
como sigue cayendo el agua, como sigue girando el mundo,
como sigue viviendo la vida y como sigue pasando el tiempo.
Qué frío, se exclamará,
y todo volverá a la normalidad, se asume.
De repente,
un quiebre;
y comienzo a gritarte.
Que dónde estás,
que por qué te fuiste.
Y nadie me contesta, mas todos sabemos que no hay respuesta:
Vos te fuiste,
quién sabe a dónde.

Banda sonora

Oigo, de fondo, la melodía de siempre.
¿La escuchas?
Es monótona, pausada,
lenta e imponente.
Es, quizás, música;
puede ser ruido a veces.
Siempre está,
¿la escuchas?,
siempre adornando cada momento
y previendo cada minuto.
Allí está,
¿que no la escuchas?
In crescendo, calmada.
Yo no puedo dejar de oírla,
¿como puede ser que nadie la oiga?
Si está allí, presente,
con sus violines derramando lágrimas
y el piano marcando el compás.
Con bandoneones amargados,
con notas amargadas.
¿Acaso no la escuchas?
Es la soledad hecha partitura,
es el pentagrama de toda la vida.
Está allí, como siempre,
interpretando tu vivir.
Es la vida misma, es el tiempo cantando,
es la música, ya agria, ya con furia;
siempre con pompa, de tu historia.
¿No la escuchas?
Está por terminar.

La verdad

Comenzó la batalla y vos no te preparaste. De golpe recibiste la cachetada y te largaste a llorar. Así las cosas, llorando devolviste la gentileza, y, repito, comenzó la batalla.
Y fue terrible: Golpe tras golpe, regurgitabas de asco en medio del baño de sangre. Los olores se mezclaron: Lágrimas, sudor, sangre. ¿Adrenalina? Qué te van a hablar de adrenalina a vos que siempre fuiste la reina de las maricas. De casualidad que lo más emocionante que hiciste en tu vida fue mirarlo fijo a los ojos durante más de 5 minutos. ¡Y de adrenalina te van a hablar!.
Aún así, no arrugaste. Comenzó la batalla y cargaste con todo lo que pudiste, y nada mal para un novato le rompiste más huesos que ilusiones. A vos ya te dolía el cuerpo todo, pero ¿qué te importaba? Si, total, cuando duele el corazón lo demás no se nota.
¡Qué terribles estas palabras! Jamás supiste animarte a decir la verdad, reconocelo de una vez. Y por más pendejo que suene, yo no hago más que decir lo que siempre pensaste. ¿Inmaduro? Serás vos.
¿Y cuántos dientes perdiste? Seguro tantos como él, fue bastante reñido. Pobre, ya le debía doler el alma cuando encontraste con qué darle. ¡Y con qué morbo! No veía tanta violencia desde la última guerra. ¿Será que te descargaste? Tantos años en silencio deben haberte cargado las pelotas de furia.
¡La impotencia! ¿O qué creías que fue, tu genial gancho? Dejate de joder, para que un débil como vos pegue tanto es o por alcohol o por bronca, y sobrio estabas.
¡Sí, esta vez nada más! No te me hagás el santo, vos sabés mejor que yo las veces que te habrás puesto en pedo por no querer enfrentarte con vos mismo. ¡Lo ocultaste, pero a mí no me cagás, yo lo sé! No mientas conmigo porque no sirve.
Al fin y al cabo, tan marica y tan educado, te terminaste enfrentando, comenzó la batalla y te re cagaste a trompadas. ¿O no es así? Y ahora no tapes todo, ¿para qué? Si yo también soy vos y él era yo.
Ahora, tapá ésta: ¿Qué vas a hacer con tu vida?

El porvenir

Se van. Todos, con todo, se van. Todo, con todos, también se va.
Se van los minutos, y con ellos todos los segundos. Se van los días, meses y años con ellos.
Se van las personas, y con ellas los recuerdos, y con ellos la memoria, y con ella los amores.
Se van los veranos, y con ellos se van las pasiones, la primavera y las flores, el invierno y la nieve, se va también el otoño y con él y con ellos se va el romanticismo, y con él se van los romances.
Se van las heridas, se van las cicatrices, se van los dolores. Se van las sonrisas, se van las emociones, se van los sentimientos. Y todos se van con las expresiones.
Se van las edades, una detrás de otra, y a la larga se va la infancia, la juventud y la adultez. Hasta, a veces, se termina yendo la vejez también...
Se van las nubes, sus lluvias, los vientos y sus aromas, se van las tempestades, se van con ellos los dramas, se van los truenos y las predicciones, se van los augurios con las palomas que se van con el calor que se va, con el frío que se va a ir.
Se van, así, las cosas, desde las más abstractas como el amor hasta las que son tan concretas como la piedra misma que también se va. Se va, entonces, todo, y con todo todo se va, y con todos, y todos se van, se van con todo. Hasta la nada misma puede irse, porque no hay nada si no hay vida y la vida, al final, también se va. Se van las palabras.
Se van porque no se puede vivir. Se van porque no se puede. Se van porque no. Se van.

Verdades ocultas

No hay excusas donde no hay problemas; ni tampoco hay justificaciones donde no hay decisiones. No hay sueños ni deseos ni mucho menos anhelos donde no hay esperanzas, tampoco hay desdicha y zozobra donde no hay angustia. No hay, entonces, de qué preocuparse, diría mi abuela, cuando no hay moros en la costa; tampoco hay paloma en mano ni cien volando donde no hay palomas; tampoco hay que correr donde no hay hacia dónde caminar. Tampoco es que haya falta, menos aún que sobre: Simplemente no hay porque así debe ser, porque así se dieron las cosas, porque así es y porque no tiene por qué no serlo o ser de otra forma. Y así, entonces, todos vemos que donde no hay nada nada hay que mirar, y todos seguimos como si nada.
Y ése es mi mayor problema: Cuando no hay nada que mirar, no hay quien mire...

Desengaño

Un día llegaron. Nadie sabe bien cuándo, ni cómo. Menos aún, por qué. Lo cierto es que llegaron para quedarse.
Al principio, pasaban desapercibidos. ¿Quién iba a detenerse a pensar en ellos, que parecían haber estado allí desde siempre? Eran un tanto insignificantes, normales. Eran como todos los demás: Fugaces, espontáneos, propios. Y así lo fueron hasta que descubrí, en su mirada, cierto reflejo que me era familiar.
Creo que fue por accidente. Lo noté en un comentario al paso, sin importancia, que hice alguna vez. Como toda ocurrencia honesta e imprevista, propia, era ésta de origen inconciente. Y justamente eso fue lo más doloroso: Encontrar un reflejo ajeno donde menos debía estarlo. En el fondo de mis palabras resonó cierto eco de algo mucho más terrible de lo que yo podía imaginar. Y la duda se instaló en mí.
A partir de ese día, me persiguieron a todas partes. Iban ellos conmigo y a la vez iban tras de mí. De a poco fueron tomando posesión de todo: Mi hogar se vio abarrotado con sus preguntas, mis cosas impregnadas con su recuerdo. Mi reflejo ya no era único, era múltiple. Y así comencé a evitar los espejos. Tampoco mi voz fue mía por mucho tiempo. Al cabo de unos días, mis palabras tomaron un resabio amargo. Comencé a silenciarlas.
Finalmente, ellos se apoderaron de mi mente. Y son ellos quienes escriben ahora. ¡Si son ellos quienes, en el fondo, todo lo controlan! ¡Si son ellos quienes todo lo ven y quienes todo lo saben, siempre! Porque siempre estuvieron allí arriba, observando. Y en el fondo, yo siempre les tuve miedo.
Hoy han venido a buscarme.
Me han mentido. Los ángeles no siempre tienen la misma cara.

Paradojas

Es el vacío. Inexorable, redobla su paso a cada momento. Ahora mismo lo siento extenderse. Acelerado, imponente, omnipresente. Me sorprende sentir tanta falta de todo dentro mío, como si dentro mío cupiesen infinidades enteras. ¿Cuántas ideas, perdidas en ese universo, van a parar a la nada, cada día que pasa? Se me escurren aunque intente retenerlas, y así pierdo imágenes, pierdo sonidos, pierdo memorias. Al final, todo lo pierdo, todo poco a poco.
Irónicamente, la única forma que conozco para evitar el sufrimiento de semejante pérdida, es no pensar.

Por siempre

Las nubes pueden seguir pasando. Y sí, cada día saldrá de nuevo el Sol a iluminarnos, y cada noche volverá a surgir del horizonte la Luna para observarnos. Sí, la lluvia volverá y con ella volverá el arco iris, y volverán los grillos en verano y las hojas marchitas del otoño; volverán todas las estaciones una y otra vez, volverán. Sí, también las olas pueden seguir chocando contra los muelles. Miles de murallas seguirán levantándose y derrumbándose a lo largo de todo el mundo, y sí; también nosotros seguiremos viviendo. Los astros seguirán girando, y con ellos la Tierra. Es más, no habrá ni un sólo día en el que no brille una estrella en algún rincón del planeta. Y todos seguiremos estando aquí de pie hasta que seamos derribados, porque seguiremos siendo derribados, y luego seguirán estando nuestros descendientes, y los descendientes de ellos. Que volverán a caer, y a levantarse. Y sí, seguirán habiendo guerras y seguirá habiendo paz, y la vida seguirá y volverá a seguir.

Pero las agujas no se detendrán.

Ando por los caminos que he elegido andar. No es fácil decirlo, mucho menos hacerlo; creo sin embargo estar en lo cierto. Ando por los caminos que he elegido andar, temiendo cada día encontrarme con la prueba irrefutable de mi error, aquella que se aferrará a mi mente por siempre.
No me arrepiento. Creo tener en claro que cada camino andado es un camino perdido, y no al revés. Y que, además, cada camino perdido puede ser un nuevo camino a andar. Por último, creo tener en claro que es al andar el camino que uno se diferencia del resto, y que es al diferenciarse del resto que uno entiende que somos todos iguales.
Hoy ando por los caminos que he elegido andar, creyendo estar donde quiero y hacer como plazco. Mañana no sé, quizás ya no esté aquí.

Ad eternum

Estoy cansado de pensar qué hacer hoy para prevenir mejor lo que pasará mañana de forma tal de lograr cierto control protector sobre el carril de mi vida así logro parcialmente aminorar la agobiante marcha del tiempo que trae a mi puerta problemas cotidianos y constantes que se repiten sin cesar uno tras otro y causan a la larga esta sensación de ahogo que de vez en cuando surge de lo más profundo de mi alma cubriendo todo lo que me rodea y obnubilando mis sentidos y raciocinio llevándome catastróficamente al ciclo de siempre y volviendo a reiniciar la parsimonia que me envuelve y que ya había previsto para hoy luego de haber cansadamente pensado qué hacer ayer.

Una decisión

Esto ya es un combate cuerpo a cuerpo, quizás con mucho más cuerpo del que yo hubiese querido. No fue mi culpa, dejame decirte. En general, no recurro a las armas hasta no haber agotado la diplomacia. Y creo, dadas las circunstancias, que me declaraste la guerra. Y no me dejaste opción.
Me gustaría saber por qué. Nunca entendí bien tus problemas, sé que hay revoluciones internas y guerras civiles que atender por allí; pero no sabía que podían ser tan cruentas como para llegar a la guerra lisa y llana. Si algún día se puede, podrías contarme cuál fue tu estrategia para conmigo, me interesaría saber la causalidad (porque, vamos, ya nada es casualidad) de todo esto.
Como sea, debo advertirte: Por más que me duela, tendré que acorralarte entre la espada y la pared. No voy a dejarme derrotar, por más que tengamos espíritus hermanos y que, yo considero, deberían unirse lejos de matarse mutuamente. Por más que todos me vean como un loco, yo respondo a los ataques externos. Yo me defiendo.
Y no dejaré que invadas mis tierras. Donde yo marqué la raya es donde deberías haberte quedado, y ya es muy tarde para arrepentimientos. ¡Qué lástima! Pelear contra vos. Pero así lo quiso el tiempo.
No intentes hablarme mientras dure la batalla. Si fuera por mí, ya mismo estarías aquí como uno más, mi hogar sería también el tuyo y tuyos serían también mis halagos. Y sí, ¡sí que me lastima hacer todo esto!. Yo no quiero confrontamientos, la paz es mi ambiente y deberías saberlo.
Pero ya es tarde, está en tus manos emprender la retirada y hasta entonces seguiré al frente de mis tropas. No me rendiré, y espero que logres matarme. ¿Por qué? Porque, sinceramente, creo que la cobardía te hizo tapar las verdades con sangre. Y si llegase mi hora final, creo que no te animarías a cortarme la yugular.
Espero que puedas, porque sino sería una lástima. Eso sí, te prometo: Siempre lloraré tu muerte

Esa cosa...

Acá está, lo encontré.
Yo sabía que estaba.
Lo sentía, lo presentía.
Resentido.

¿Qué me pasa?

Pasa algo, eso es obvio.
Algo, no podía ser más indefinido
que algo. Simplemente algo.

No, no es triste,
no da pena, ni lástima,
ni saca lágrimas, ni llena de angustias.
Tampoco es genial,
mucho menos alegre,
ni sonrisas ni amores.

Es algo, ¿cómo decirlo?
algo pendiente.
Como la vida, y sus planes;
como los deseos de la infancia
como los sueños del adulto;
está pendiente cual revancha,
cual crimen sin resolver.

Lástima que no sea tan fácil como pagar las cuentas,
ni tan emocionante como buscar venganza.
Es; y siendo está conforme;
y seguirá estándolo hasta que deje de ser.
Pero
¿cómo?.

El ser y el deseo

Serán tus ojos, serán los otros. ¿El infierno en ellos, el cielo en mí? Quizás las melodías, las noches embriagadas, o tal vez serán las campanadas del reloj. La ansiedad es candidata, el hambre y las ganas de comer. ¿Serán los temores? ¿Serán los recuerdos?
Hay quien dice que son los astros, como así hay quien dice que son las hormonas, la primavera, el invierno y el planeta Tierra. Serán, quizás, todas las historias que me contaste mirando de cara al mar. O será el horizonte, o será el más allá.
Serán las explosiones, serán los comentarios. Será, quizás, una ilusión, un espejismo; será quizás una pura invención. Será, tal vez esta vez sí, será mentira. Será tan sólo el orgasmo que el tiempo venía reclamando, será tan sólo el éxtasis de ser joven aún, y será seguramente el deseo de permanecer así, por siempre y para siempre.
Será, entonces, meramente un deseo.
Pero será.

Ubicación

Prendé las luces, por favor, te lo pido.
Prendé las luces que no me gusta la oscuridad.
¿O qué no ves, que estoy temblando?
No, qué vas a ver; ¡si estamos a oscuras!
Y a oscuras tiemblo, creeme.
Tiemblo por miedo a no saber qué hay allí
no saber qué me rodea
no saber con quién estoy.
¿Y si me encuentro con alguien, a oscuras?
¿Y si no sé quién está respirando conmigo, al mismo tiempo, aquí mismo?
Prendé las luces, por favor
que no puedo seguir pensando así.
¿No es obvio, lo que digo?
Digo que sin luz pienso el doble,
digo que sin luz temo, y sin luz a veces imagino.
¿No te da miedo la imaginación? ¿O es que no tenés?
¿No te molesta no ver?
¿No te molesta no saber, la ignorancia, lo desconocido?
Te sentís mejor así, sin saber. Porque le tenés miedo a la verdad.
Y yo, en cambio; le tengo pánico a la mentira,
al engaño y a las verdades a medias
como esas sombras que se ven por doquier, indistinguibles.
Prendé las luces, por favor, te lo pido;
que necesito saber dónde estoy.

Los dos

Escondido, como una sombra.
Agazapado.
Detrás de una piedra,
sobre el techo, o debajo del suelo.

En rincones, vigilante;
en las esquinas observador.
Siempre al acecho
(o siempre acechado).

Mas es difícil, casi imposible
disimular el ruido de cada paso
el murmullo de cada respiro
y el aleteo de los párpados.
Imposible! Casi tan imposible
como el creer
que nadie te ha escuchado aún.

¿Qué hacer contigo?
No sé si matarte,
mostrarte cual show de circo
o mejor dejarte allí,
escondido,
agazapado en cada rincón
a donde me atreviese yo a mirar.

¿Realmente nadie lo ve?
Me sorprende.
Pensé que su presencia
era tan obvia como la mía,
pensé que su sombra tenía mi misma silueta
y su andar los mismos modos que el mío.

¡Alguien, ayúdeme! No sé qué hacer con él.
A donde voy, va conmigo;
donde no estoy, no se presenta.
Conmigo piensa, conmigo vive
casi hasta diría que vive en mí.

No sé desde cuándo. Sólo sé que está allí.
A veces me olvido.
Y otras
lo tengo tan presente, que siento su aliento aquí
como si estuviera hablándome al oído.

No es malo,
tampoco es bueno.
Simplemente es distinto, es otro,
es diferente a mí como cualquier persona;
aunque no sé si cabe en la palabra persona...
no sé si pasa de ser un mero ente.

Ente o no, aquí está otra vez.
Como siempre, lo dejaré ser
flotará, vivirá alegre
a escondidas de todos menos de mí.
Y cuando alguien vuelva a entrar al cuarto
se esfumará de repente, volverá a su escondite
a agazaparse en los rincones, cual sombra
a ser vigilante, a estar al acecho
a sentirse acechado.

Y mientras tanto, seguiré gritando por doquier
que conmigo viene él, el otro,
que alguien, por favor, lo vea
como lo veo yo
y me diga, si no qué hacer,
al menos
que no estoy loco.

La desesperación

Corre que corre que no llegas así que corre que no llegas corre.
Saltando corre que no llegas salta que está alto que no llegas saltando corriendo así que corre que no llegas saltando.
Gritando saltando corre que no te oyen que vas llegando que no llegas saltando gritando corriendo que no te ven corriendo no te oyen gritando saltando te ven que no llegas corriendo.
Girando gritando saltando corre que no los ves que no te ven girando saltando que no te oyen gritando que no te ven así que gira y salta que corriendo no llegas saltando gritando.
Respirando que te ahogas gritando mientras giras corriendo mientras saltas corre que no llegas saltando respirando que te ahogas saltando corriendo que no te oyen gritando mientras te ahogas corriendo que no llegas que no te ven girando que no los ves respirando que no llegas gritando corriendo que no respiras saltando gritando grita que no te oyen que no los ves así que gira para verlos que no saltan saltando que no llegas mientras corres respirando saltando gritando girando corriendo que no llegas corriendo saltando que no llegas girando gritando que no llegas respirando que no llegas corriendo que no llegas que llegaste moriste y se terminó.

Vuelve

Todo vuelve (o será que nunca se va) y con vos volvió (quizás, nunca se fue) la bronca, volvió la bronca y con ella apareció la lujuria, con ella y con la primavera, y quizás con vos también. Y volvieron entonces todos los demás: Los sueños perdidos en la memoria, los deseos incumplidos y los anhelos olvidados; como así volvieron la sed de venganza, de un poco de sangre, de un poco de sexo, de lágrimas. Todo volvió, otra vez, a mezclarse; aunque esta vez ya no es tanto por vos, diría que se mezclaron por mí; por tradición y costumbre hechas carne y hueso. Y de carne hablando, con vos volvió la carne fresca, y la carne podrida también, y los colgajos de piel vieja y cansada, y los ojos brillantes y las pieles erizadas. Es Primavera y es Otoño a la vez, porque cual flores con hojas secas, calor con viento frío, no me decido entre dejar o prohibir, entre elegir o dar opción, entre cantarte una melodía o gritarte blasfemias. Así y todo, ni pienses que sos causante razón y circunstancia. Nada más sos un nuevo detonante como tantos otros, tantos otros años, tantas otras veces. Y mientras tanto pasan los detonantes y las explosiones. Y pasan las emociones. Y vuelve, como todo, como tantas otras veces, vuelve la duda entre ese rítmico ruido obsceno tan de moda, o la alegría de compartir.

Newer Posts Older Posts Home