Cabulero - Osvaldo Pugliese
| .Atormentado. Sí, muy atormentado. Por un pasado infiel, por una traicionera elección. Y bajo la alfombra deslumbra la mugre putrefacta. Deslumbra tanto como los diplomas, tanto como las medallas, los honores. ¿Y quién escoge las bondades? Dios, la Iglesia. O mejor aún, los hombres. Y escogidas las bondades y ocultadas las traiciones, se incurre en la lealtad a los valores morales encarnados en la realidad de porcelana fría, tan delicada, tan bella, tan inocente, tan evasiva. Le ofrecieron en bandeja de plata un futuro prefabricado de aplausos y elogios de quienes no soporta la palabra. Y ahora, ¿qué queda hoy?. Nada. Nada queda, pues la hipocresía todo lo cubre, todo lo mata. ¿Qué hacer? ¿Luchar? ¿Ignorar? ¿Desistir?. Y mientras caminaba sobre el palco, adornado por el coro local, recordaba las imágenes de antes; aquellas tan vestidas de negro, tan demonizadas, tan rebeldes. De pronto el coro se enlutó. Los rostros, deformes, blanquecinos, aullaban solemnes las notas del momento. Y el cielo se tornó infierno, y la tierra fue pecado. El traje fue túnica, el rostro un velo. Y aullaron, aullaron todos juntos bajo la luz de la luna la señal tan temida de la guerra avecinándose. Y no hubo sintaxis, el lenguaje fue la mirada: Pupilas ensanchadas, tetánicas sonrisas, máscaras del drama y la comedia cagándose de risa del mártir de la ironía. Mientras tanto, bajo el palco, las cámaras sonreían espectantes buscando nueva presa; digo prensa. Sumido en sus pesadillas caminó indeciso pero seguro hacia la bandera; escoltada por quienes representan el modelo intachable de la sociedad. Y allí se encontró, entre la falsa verdad y la verdadera farsa. No hubo tiempo para pensar, su historia lo condenaba. Debía aceptar, y sufriría; lo sabía. Aceptó, caminó; sonriente, confidente. Y por dentro la tormenta estallaba, los mares se revolcaban en orgías de sangre revuelta entre sedas violadas por la mentalidad enfermiza de quien no sabe ni contesta. Y la traición fue fatal, el cuerpo sucumbió. Tomó la bandera. Sonrió ante las cámaras. Instantánea del momento. Trágica decisión. Ya no podría escribir sus versos; sólo venderlos. Como vendió su alma al diablo; en pos de una lucha en vano desde las entrañas del mismo enemigo. ¿Le afectaría? Quién sabe. Todos aplaudieron. Él se limitó a guardar silencio. Un minuto de silencio, por favor. Que un alma ha muerto. |
| .Raziel. |
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Milonga de mis amores - Color tango
| .Bailando amar, amando sufrir. Sangriento correr, escaleras de metal. Tímido observar, desenfrenado placer, temeroso escondite de público amor. Y obnubilado soñar, sueños de cristal, frágil delirio. Quizás tranquilo esperar. Retener temores, terribles pesadillas. Adicción irrefrenable, peyorativa ignorancia. Y hablar, demasiado hablar por poca acción que no logra culminar. Caminar, a pasos agigantados. Temeroso andar. Y morir, ¡morir! Por pecados pagar. Ya no se puede. No. No más. Hoy, hoy se termina. Hoy se termina esta historia de crueles traidores a la patria potestad tan sagrada tan amada, traidores de la igualdad demócrata y la tan hablada hermandad. Crímenes de lesa humanidad expuestos como justicia divina de Dios con el cartel "En oferta". Y ya no, ya no más. Porque mi amor es puro, mi condición es sincera y mi honestidad es brutal, ustedes hoy pagarán lo que han hecho. Y yo, yo volveré a empezar. Por amor; por hermandad. |
| .Raziel. |
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Mírenlos...
| . -"¡Já, mírenlos!" -vociferé riéndome de angustia- "¡Miren como se abrazan! ¡Mírenlos, tan desprotegidos, tan desnudos los dos! ¡Son la imagen de la vergüenza, son la escoria! ¡Mírenlos y aprendan, que sufrirán toda su vida como animales de circo por lo que han hecho! ¿O acaso no les causa lástima? ¡Son patéticos, son basura! ¡Já! ¡Que no les quepa dudas señores, esos dos gusanos se merecen estar así! ¡Indefensos, asustados, machacados por lo que hicieron!" -sus gritos eran cada vez más altos, sus carcajadas más tenebrosas- "¡Por no ser entendidos! ¡Por luchar por un sueño! ¡Por ser diferentes! ¡Por no encajar en este mundo injusto! ¡Por amar, señores, por amar así están! ¡Mírenlos, por Dios, mírenlos! ¡Temblando en soledad, torturados, condenados a la tortura, a una vida infeliz! ¡Y todo, por amar! ¡Mírenlos!" -se desplomó sobre el suelo; y rompió a llorar. |
| .Raziel. |
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Actualizando un poco y de paso adelantando.
| .Y es que yo soy tu poeta maldito, tu caballito de carrusel. Planeo defenderte, mas no puedo sino amarte por un tiempo hasta ver rayos de sol dibujándose en mi corazón. Y por si acaso esto no ocurriese siempre ten presente que el amor no abandona, que la vida no condena, que la esperanza no traiciona. También pienso luchar a tu lado hasta colmar mi resistencia, pero no malgastes, ahórrame energías evitando dibujar sombras de sobra. Yo te amo, lo sé en el fondo, el problema no es nada sino el entorno que agobia un corazón deprimido por un pasado acongojado. Y déjame decirte, tenemos los días contados: O nadamos a la orilla o nos morimos ahogados. Yo quiero verte a mi lado, yo quiero tenerte, yo te quiero. Pero sobre todas las cosas, yo quiero poder quererte. Porque el amor no es nada sin tiempo, y el tiempo nunca frena. Detengamos el tiempo hoy un instante, ¿vale acaso el intento de vencer mil horrores por una esperanza fugaz? ¿O somos quizás dos simples seres solitarios que no soportan la soledad?. Yo te contesto: la soledad no es mi ambiente, pero vale la pena luchar por lo que, nos parece, salvará tanto tu alma como la mía de la triste deriva. Hoy mi respuesta es clara: No me rindo. Y esto lo reafirmo, sean cuantas sean las barreras que me impidan tenerte como quiero frente a la vida, frente al amor y frente al deseo. Yo te quiero. |
| .Raziel. |
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Qué semana...
| .Ya dormiremos algún día bajo las sábanas del candor resguardado de la intemperie cansina asesina de corazones resquebrajados de tanto espasmo mal nacido causante de mil decepciones y ninguna ilusión en una realidad más bien opaca que brillante que embadurna las emociones con una gruesa capa de ignorancia que asfixia la manía de poder sobrevivir a las inclemencias del destino irracional de la racionalización extrema bajo las órdenes de un capitán flotando a la deriva del mar de la insensatez adornado con un par de nubes de algodón como el algodón de las sábanas del candor bajo las que dormiremos ya. |
| .Raziel. |
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Sombras
| .Es inexplicable. Una carrera tras el objetivo invisible de lo indefinido ante los ojos; tras del miedo en persona retratado en reflejos cotidianos escondidos en la mirada inconsciente. Es lo misterioso que nos rodea día a día, que nos persigue, que nos observa; es el eterno vigía y la risa tétrica del macabro destino tras las cortinas de lo inentendible. Y persiguiendo lo innombrable me hallé, en una ciudad en ruinas de desesperanza cubierta por nubes aplomadas de grisáceo y nauseabundo olor. Y en silencio la seguí, seguí esa sombra taciturna que me acecha desde mi nacimiento y me persigue en mis días de alegría, que se cierne sobre el techo en mi agonía matutina y reaparece en los días de soledad. La seguí en trance, la seguí de espaldas al horizonte mientras se reía a mis espaldas. Me condujo, esquiva, graciosa; tétrica como siempre, por pasillos oscurecidos por lámparas echadas a perder y por azulejos destrozados en guerras de sexo y manía. Mostrándome los altibajos más bien bajos de un feudo sin murallas construído hacia el cielo se reía; no paraba de reír. Y jugando a las escondidas me mostró cuán cruel es el ser humano en las peores situaciones; cuando hasta la más ínfima cuota de piedad desaparece ante la más mínima amenaza personal. Y mostrándome tantas sombras vi perdida entre las paredes una pequeña esperanza violada a sangre y fuego por el sadismo y la matanza; en un mundo capitalista, consumista, violento por la desesperación y la vanidad, el egocentrismo subido al trono de oro de quien no sabe pensar. Llorando me observaba, pero el tiempo no estaba de mi lado. Corrí como quien no vio tal cosa; corrí avergonzado de mí mismo, de la resignación con la que ejecuta el golpe fatal el verdugo del mundo. Volví a correr, y volví a encontrar mi objetivo, danzando alegre y cínico sobre la calle desierta que tiempo atrás supo ser vértebra de la poderosa humanidad. Resignado a más no poder me decidí a alcanzarla, y fue allí cuando el cielo se desplomó a pedazos y comenzó a gritar. Y caímos en el teatro de la ironía; donde el grotesco y lo absurdo se jugaban la vida de la mano de la soledad y del egoísmo. Rodamos escalera abajo, la velocidad incrementaba al compás de los latidos. Perdí la cuenta del tiempo; sólo sabía que debía bajar. De tan bajo que caímos conseguimos llegar al centro del teatro; al escenario de tantas matanzas indirectas que a fuerza de entradas de lujo encarnaron el desequilibrio en un asqueroso festín de tripas y cuerpos desvirgados. Las luces se apagaron, perdí la vista por un instante; y luego la recuperé y volví a mi trance: En el centro del escenario dos luces alumbraban lo innombrable, la causa de todos los males. Con los brazos abiertos me esperaba, sonriente, angustiante, y yo hipnotizado por su música silenciosa bajé uno a uno los escalones que faltaban. Y caído bien bajo, y al verla bien de cerca; sentí el miedo más grande que puede sentir cualquier ser humano. Aunque a metros, sentí su aliento, sentí su ser, omnipotente sobre todas las cosas y cerniéndose sobre mí como una sombra fatal. Intenté escapar, era demasiado tarde. Los escalones a subir eran muchos, eran cada vez más; y cada vez más grandes, y más largos, y más pesados. Y el tiempo se detuvo, y ella sonriendo; y yo muriendo de a pedazos recordé cada instante. Y aprendí tarde que las sombras existen y están allí siempre al amparo del desesperado; alimentándose de la desilusión más pequeña; creciendo y viviendo. Y sonriendo. Siempre sonriendo. |
| .Raziel. |
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