Distracciones

¿Dónde estará la grandeza
esa que pesa en el corazón?

Ciencia

A dónde correr cuando se corre hacia donde no se debe sin saber a qué se debe la manía histérica de no frenar ante nada mientras el tiempo pasa, a dónde ir cuando no hay momento en el cual se puede preguntar a dónde ir cuando no hay momento en el que se puede preguntar a dónde ir cuando no hay a dónde ir, y por qué el frenesí incansable hacia el objetivo imposible que nadie pretende alcanzar sin perder en el camino por lo menos la mitad de lo que uno pretende conseguir, que al conseguirlo deja de ser lo que fue para transformarse en el punto de partida del camino en el que nos obliga la circunstancia a comenzar a correr sin saber a qué se debe esa manía histérica con la que corremos hacia donde no se debe correr.

De madrugada

Mañana: Día de definiciones.
Debo cargar mi vida a mis espaldas.

Sábanas

Murmullos de piel,
de tacto te hiciste,
de luz te vestiste.

Nada

un agujero en medio de la plenitud del ser; y como esta frase no es mía ahora me arrepiento pero para qué, para qué si total en el fondo no interesa, como así no interesa más que escribir, escribí y no pares que total para qué por qué no interesa, y escribiendo quizás llegues a qué falta en todo, a qué te tiene tan preocupado, a qué te pasa, a qué le pasa al mundo que siempre está color gris que siempre está de lluvia que siempre estás de luto que siempre está todo tan vertiginoso que todo pasa y no hay tiempo, no hay tiempo para pensar qué querés, por qué querés, qué, y al fin y al cabo simplemente sabés que ya nada depende de vos, que nada depende de vos ni de nadie, que todo depende de vos y por eso te angustiás, te angustiás porque todo está en vos pero no sabés cómo, no sabés dónde, y cada vez que estás haciendo tu vida notás por el rabillo del ojo como algo se te escapa sigilosamente del horizonte, cada vez que pensás te pasa siempre lo mismo y te sentás al teclado y te ponés en que querés escribir y para eso pensás, y pensás qué querés escribir y te das cuenta que hoy cuando estabas haciendo tu vida viste por el rabillo del ojo como algo se te escapó sigilosamente del horizonte y entonces te diste cuenta que estabas en el teclado como estabas el otro día pensando en lo mismo de siempre, y llegaste a la conclusión que si siempre se te escapa algo es porque ese algo está en vos y no sabés qué, y te acordaste de sartre y del agujero en medio de la plenitud del ser y te pusiste a escribir, pero para qué.

Aquello

Tarde te entiendo, en un interminable donde estás se congela la imagen. Te retengo, preguntas miles.
La vastedad, el miedo, el ahogo y la expectativa: cómo.
La profundidad, la ansiedad.

Todo toma cuerpo, está ahí.

Lo terrible.
La espiral infinita: Buscar lo insondable, intentar vislumbrar algo más allá; no encontrar nada. Retroceder, volver a intentar.

Indescriptible.
Al final de los días, volveré a entenderte.

Proceso

Se gesta, cada día, en el fondo. Es un latir constante, sutil, insidioso. Sé que estoy revolviendo recuerdos, perdido en un mar de cajas olvidadas y muebles abarrotados.
A cada paso, un nuevo rincón. En laberinto, todo se pierde, la noción se pierde.
Debo pasar por túneles cada vez más estrechos, algunos viejos conocidos, otros que nunca vi.
Y sin cesar el latir, sigo. Sé que está ahí, en algún lado. No es magia, es lógica: Esto funciona como el mejor artefacto de relojería.
¿De dónde salen tantos trastes?
De a poco, todo tiembla. Se siente al tacto el leve temblar de lo oculto, lo insondable. Estoy acercándome, alejándome.
Y entre tanto intrincado menester, se encuentra, encuentro al fin, lo que busco sin querer: Dentro de infinitos cajones concéntricos, entre los recuerdos olvidados y toda la vida pasada, atando miles de nudos descabellados, destrabando puertas. Allí está, lo veo claramente.
Y tanto lo veo, tanto nos vemos, tanto me ve que lloro, pura sangre y convulsión. Los ojos negros, la mente en blanco, los recuerdos todos, la estabilidad se quiebra, todo se viene abajo, el cuerpo tendido, el alma en pedazos.

Lo que seremos

¿Vuelven, o están?
Nunca sabré.
No los quiero volver a ver,
pero los quiero recordar.
La eterna pregunta, el por qué, ya no interesa.
Sólo importa seguir.
Y desde que lo cotidiano se ha vuelto una cuestión de fe,
que no cabe atención en nimiedades;
que, o bien vuelven, o bien siempre están;
y con ellas todo se impregna de pasado.
Pero ya no importan.

Nélida

Eterna,
la arena del tiempo nunca pasó para vos.
En tu acompasado andar tenías el porte del árbol:
Lento, paciente; milenario.
Fuiste única, arrugada y enredada,
fuiste siempre igual, fuiste siempre
eterna.

Mater

Hueca, cual cuenco vacío.
Sin entrañas, sólo el agrio sabor de la soledad.
Estás vomitándonos mugre, tomando desidia.
Te desfiguraste sola, mi espejo no te reconoce más.
Tambaleás en la cuerda floja, tu rutina.
Querés querer, no podés, no querés.
¿Miedo? No, lo peor ya pasó:
Desgano.
Resignación es el himno que de tus labios sale,
cada vez que se termina la botella de tus recuerdos.
Él te persigue constantemente,
siempre que te veo, lo veo detrás.
Nunca será el mismo. Dejalo en paz.

Remember: it's all in your head.

Pater

Cada día que pasa, chocar contra la pared.
Las pruebas están ahí:
Botellas, lágrimas, fantasmas.
¿Si estás, entonces dónde?
Porque descolocaste la balanza,
y el tiempo no ayuda: corre.
Cada día que pasa, otra queja.
Imágenes retorcidas: Flashbacks.
Rostros deformados, la idealización del sufrimiento.
Hay en el aire olor a tragedia,
sólo falta que toquen las campanas la hora adecuada.
Cae bajo. No sabe dónde está. No quiere vivir.
No quiere que viva. No acepta morir.
¿Qué pasa?
Ellos temen seguir viviendo.
Yo ya no les temo: Morirán, lo admito.

11

Lamento no haber estado con vos hoy. Lamento, también, tener que lamentar. Lamento no decirte las cosas como son, lamento tener la médula encerrada bajo llave, no tomarte de la mano ni contarte historias, olvidar preguntarte cómo andan las cosas. En el fondo, a veces me arrepiento también de no tener la pasión que merecés. No ceder a los abrazos, a las caricias. Tener hielo en el rostro. Recordar constantemente, pero nunca vivir. No tomar las astas por el toro, no merecerte.

Lamento no haber estado con vos hoy.

Paciencia

Con mi mente te pinto de todos los colores, te desparramo entre el mar de pinturas que tengo para darte; te desdibujo y dibujo una y otra vez para volver a pintarte; te embadurno a caricias con todas las tonalidades que subyacen en mi alma; te sombreo con mil historias y resalto cada nota, cada matiz que te embellece aún más. Te amo en cromático, y te adoro en cada contorno. Y sin embargo, no me conformo: Ahora te rompo. Te corto, en pedazos, para desparramar por doquier, cual lluvia de recuerdos sobre el pavimento gris. Y así, te guardo y te exhibo: Te llevo a todos lados, hasta volverte ícono.

Y te recuerdo.

Por eso, decidí elevarte hasta el peldaño más alto: Tu imaginación. A cuestas, en mis brazos, te elevo hasta la punta del universo. Y allí, en las alturas, te recito cuanto poema pueda ocurrírseme, y te dejo volar, libremente, al infinito.

Y te observo, cuidadosamente y con miedo, irte una vez más.

Mañana, como todos los días, volverás. Te esconderé las alas, te dibujaré el rostro, te arreglarás. Todo volverá a ser lo que fue ayer.





Pero dejame decirte algo: Los años pasan. Tarde o temprano, te quedarás conmigo.

Impotencia

Con mi mente te pinto de todos los colores, te desparramo entre el mar de pinturas que tengo para darte; te desdibujo y dibujo una y otra vez para volver a pintarte; te embadurno a los golpes con todas las tonalidades que subyacen en mi alma; y te despojo constantemente de todo matiz propio que puedas haber llegado a lograr. Y sin embargo, no me conformo: Ahora te rompo. Te destrozo, a pedazos, uno por uno; para volverte a unir, de mil formas distintas cual rompecabezas de sangre. Te desarmo, te desuno; te desfiguro hasta volverte irreconocible.

Y te reconozco.

Por eso, no me queda más remedio que subirte a cuestas, en trozos, hacia lo más alto del mundo: Tu imaginación. Y allí, desde la punta del universo, te tiro cuesta abajo por la escalera retorcida hacia lo más profundo del abismo. Te vocifero, a los cuatro vientos, cada blasfemia prohibida que pueda llegar a ocurrírseme.

Y te observo, cuidadosamente y con miedo, derrumbarte una vez más.

Mañana, como todos los días, te levantaré. Te recompondrás, te pintaré, te arreglarás. Todo volverá a ser lo que fue ayer.





Pero dejame decirte algo: Los años pasan. Tarde o temprano, no habrá quien te levante.

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