Lento, tu vals, mis pasos;
sigiloso rencor detrás de cada puerta:
Sé que te escondes, nada mas lo oculto.
Allá, sobre la superficie, hay un cielo de vez en cuando azul;
dicen.
Aquí, hay un piso y un techo,
cuatro paredes, y alguna que otra grieta.
¿Bailas? -¿Y por qué no?, escondámonos también
entre los vaivenes del placer efímero en la mirada del otro,
y tapémonos de música.
Noche va, noche viene, tus ansias crecen,
más sigiloso soy, cual si fueras la presa más deseada;
aunque en esta cacería vos sos la victimaria.
Ironía: Temes que ocurra lo ya pasado,
vuelves al presente, y; al fin, niegas el futuro.
Y yo te oigo -no te contradigo- con una sonrisa azul.
-Claro, te entiendo. - miento, y no me crees:
-Lo sé.-
Cambiamos de tono, pero la melodía es la de siempre
y en la monotonía de este cuarto de hora,
llegan los últimos segundos,
nos estrechamos las manos, guardamos los trapos,
y todos a dormir, felices por fuera;
vacíos por dentro.
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Las reglas son complejas,
es difícil llegar a tiempo
con todo previsto para el huracán.
Las puertas cerradas,
las ventanas tapiadas,
los ánimos altos,
las persianas bajas,
dedos cruzados, fe, esperanza
y botas altas para no mojarse.
Todo, en un segundo, debe ser y estar,
todo debe encastrar bien;
y si las cosas encastran,
entonces, quizás,
nada más pase;
pero el agua quedará,
y en ella
se hundirán las ruinas.
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Llenaré todo de agua,
alguna vez,
para redimirlos a todos;
para perdonar esta existencia.
Y bajo el agua, alguna vez,
pasaremos todos.
Sólo quedarán quienes deban quedar,
no seré yo quien los elija.
Y sin embargo, es esto lo que más me pesa:
No puedo entender hasta dónde se extenderán estos tiempos,
no puedo prever hasta cuándo se mantendrá la estabilidad.
Y, en lo profundo, me ahogo en miedo,
miedo a morir, miedo a que mueras,
miedo a de agua cubrirte, a vos y a todos los demás,
y a verlos nadar, desesperadamente, hacia afuera,
en busca de la luz, del aire, del perdón y la paz.
Tengo miedo, al fin,
porque sé que nada es permanente,
y que cuando de agua yo llene el mundo
tendré que ver hasta dónde llega la muerte
y si me toca, otra vez, nadar con ella.
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