Todo se replica fractalmente al infinito:
quedan la belleza, el placer,
la insipidez de lo inconcluso,
y la tortura del qué hubiera pasado si;
porque no habrá inicio, porque no hubo final.
En el conjunto, se pierde la esencia
el pasado no se repite, es
y el futuro no vendrá nunca, no existe
porque todo existió, y nada existirá.
Entonces,
por qué?
Porque sí,
y por qué no?,
porque te tocó en suerte.
Es la pregunta más inútil, la que se responde a sí misma.
La ansiedad
del murmullo mental,
susurrando:
El recuerdo
de rozar la piel,
del aliento ausente;
el remordimiento
de abrazar el aire;
y el súbito reconocimiento
no sé
si acaso,
cuándo,
cómo,
dónde
te volveré a ver.
El abandono no se cura, se porta
y pesa: se arrastra, a cada paso.
Sueño con la compañía del pasado,
con revivir los fantasmas del presente,
sueño con la inmortalidad, con la permanencia;
pero de sueños sólo se alimenta la desesperación:
hoy no es lo que quise ayer que fuera,
mañana será otro día más.
Aceptar la soledad individual no es negar el amor.
Por qué, entonces, amo y no me permito amarme?
No quiero soltar la carga, aunque me hunda consigo:
el alma liviana no llega lejos,
sólo se deja llevar.
No son suficientes las conjugaciones del verbo saber:
yo sé, vos sabés, todos saben. No me bastan.
Quisiera tener trescientas conjugaciones más.
Con las que tengo no logro lo que quiero.
El querer parece estar siempre en todos lados: omnipresente, salvo donde estoy yo.
Se escapa como el agua en las manos
con excusas:
siempre habrá más: es un recurso renovable.
ya tuviste suficiente, ahora sólo queda la sed.
yace en el río, a donde pertenece.
no te merece.
Yo sé, vos sabés
él sabe, ellos saben, todos saben
pero nadie hace nada, porque siempre habrá un después - después vemos.
Hasta que ya no nos vemos más.