El abandono no se cura, se porta
y pesa: se arrastra, a cada paso.
Sueño con la compañía del pasado,
con revivir los fantasmas del presente,
sueño con la inmortalidad, con la permanencia;
pero de sueños sólo se alimenta la desesperación:
hoy no es lo que quise ayer que fuera,
mañana será otro día más.
Aceptar la soledad individual no es negar el amor.
Por qué, entonces, amo y no me permito amarme?
No quiero soltar la carga, aunque me hunda consigo:
el alma liviana no llega lejos,
sólo se deja llevar.
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