Bueno quería aprovechar el blog para postear una de mis (escasas) narraciones. El género narrativo es mi preferido pero sinceramente todavía no me siento muy cómodo en él... prefiero la poesía en prosa como hasta ahora. De todas formas, pienso escribir en el futuro una narración autobiográfica, pero es un proyecto que aún no terminé de esbozar. En fin, supongo que hay una primera vez para todo...
| .A las 6 de la tarde. |
| .A las 6 de la tarde, quizás el lo sabía. Sí, lo sabía. En algún lugar muy en el fondo de su inconciencia el sabía lo que iba a pasar. Y en ese instante tuvo por al menos un segundo la certeza que el futuro estaba por dar un viro inesperado.
El tiempo se sucedió, y con el tiempo el supo que tenía razón. Y mientras toda una historia se desmoronaba precipitadamente frente a sus propias narices, se apresuró a detener el reloj de la muerte y contar con todos los segundos de los que pudiera disponer. Y corrió, corrió como jamás habría de correr en toda su extraña vida. No había tiempo para pensar, las circunstancias apremiaban. Giró la llave casi instintivamente, ni siquiera recordaba si llevaba puesto el calzado o no. Corrió como pudo, corrió a más no poder. Cuando recordó que poseía voz y lenguaje, mucho tiempo después –es decir, unos segundos más tarde-; comenzó a gritar. Y gritando y corriendo como un condenado buscó desesperado la salvación. Se perdió, su sentido de la orientación fallaba. Pidió ayuda, o al menos eso vagamente recuerda; y cuando encontró la puerta buscada comenzó a golpear. Golpeando se le pasaron minutos, décadas, hasta que se dio por vencido y empezó a correr otra vez. Corrió lo interminable, unos metros, hasta que perdió todas sus fuerzas y se desplomó, inentendible. De pronto, notó gracias a alguien que hoy no recuerda que hacia su izquierda se hallaba una nueva oportunidad. Contuvo, el aliento y se lanzó nuevamente en esa interminable hazaña, que para ese entonces ya llevaría cinco, quizás diez; minutos. Se apostó frente a su única esperanza y rompiendo con todas las reglas -¿qué importaban ya?- la obligó a permanecer allí, estable, y no la dejó escapar. Y con toda la desesperación posible la guió a toda velocidad hacia allí donde la necesitaba: La puerta de su propia casa. Y, logrado el cometido original de su eterna odisea, y habiéndose asegurado inconscientemente que ya no había nada más que se pudiera hacer; rompió a llorar. Rompió por fin a llorar desconsoladamente, rogándole a todos los dioses habidos y por haber toda la ayuda que le pudieran proveer.
Y así estuvo, en la nada, hasta que supo por el silencio de sirenas que había perdido, fatalmente, la batalla.
Gustavo Daniel Marchesini falleció el 16 de Junio del 2005 de un paro cardiorrespiratorio a las 6.10 p.m.. La ambulancia que llevó su hijo mayor desde la calle no logró resucitarlo con éxito. || .Raziel. |
Labels: Poesía Narrativa
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