Day 18 Part 4

Cabulero - Osvaldo Pugliese




| .Atormentado. Sí, muy atormentado. Por un pasado infiel, por una traicionera elección. Y bajo la alfombra deslumbra la mugre putrefacta. Deslumbra tanto como los diplomas, tanto como las medallas, los honores. ¿Y quién escoge las bondades? Dios, la Iglesia. O mejor aún, los hombres. Y escogidas las bondades y ocultadas las traiciones, se incurre en la lealtad a los valores morales encarnados en la realidad de porcelana fría, tan delicada, tan bella, tan inocente, tan evasiva. Le ofrecieron en bandeja de plata un futuro prefabricado de aplausos y elogios de quienes no soporta la palabra. Y ahora, ¿qué queda hoy?. Nada. Nada queda, pues la hipocresía todo lo cubre, todo lo mata. ¿Qué hacer? ¿Luchar? ¿Ignorar? ¿Desistir?. Y mientras caminaba sobre el palco, adornado por el coro local, recordaba las imágenes de antes; aquellas tan vestidas de negro, tan demonizadas, tan rebeldes. De pronto el coro se enlutó. Los rostros, deformes, blanquecinos, aullaban solemnes las notas del momento. Y el cielo se tornó infierno, y la tierra fue pecado. El traje fue túnica, el rostro un velo. Y aullaron, aullaron todos juntos bajo la luz de la luna la señal tan temida de la guerra avecinándose. Y no hubo sintaxis, el lenguaje fue la mirada: Pupilas ensanchadas, tetánicas sonrisas, máscaras del drama y la comedia cagándose de risa del mártir de la ironía. Mientras tanto, bajo el palco, las cámaras sonreían espectantes buscando nueva presa; digo prensa. Sumido en sus pesadillas caminó indeciso pero seguro hacia la bandera; escoltada por quienes representan el modelo intachable de la sociedad. Y allí se encontró, entre la falsa verdad y la verdadera farsa. No hubo tiempo para pensar, su historia lo condenaba. Debía aceptar, y sufriría; lo sabía. Aceptó, caminó; sonriente, confidente. Y por dentro la tormenta estallaba, los mares se revolcaban en orgías de sangre revuelta entre sedas violadas por la mentalidad enfermiza de quien no sabe ni contesta. Y la traición fue fatal, el cuerpo sucumbió. Tomó la bandera. Sonrió ante las cámaras. Instantánea del momento. Trágica decisión. Ya no podría escribir sus versos; sólo venderlos. Como vendió su alma al diablo; en pos de una lucha en vano desde las entrañas del mismo enemigo. ¿Le afectaría? Quién sabe. Todos aplaudieron. Él se limitó a guardar silencio. Un minuto de silencio, por favor. Que un alma ha muerto. |






| .Raziel. |

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