Ciclos

Ayer, en algún momento, alguien caminó por aquí pensando que tenía tal o cual plan y objetivo, que más tarde, a la noche, debería cenar. Tenía una familia fija, un empleo o una ocupación, y demás.
Vos hoy estás acá, sabés que mañana tenés tal o cual cosa para hacer, te acordás de ayer, y seguramente pensarás en volver ahora, en un rato, a tu lugar de preferencia con tus seres cercanos.

¿Y si, por un instante, todo dejara de ser lineal?

Dejaría de existir, entonces, esa pendiente en caída o en subida rápida que siempre nos sorprende al final de la línea.
Sería la vida, entonces, desordenada: Hoy pensaría que ayer tenía un plan para hoy que no quiero, querría para mañana no hacer nada en especial, no fijaría ningún lugar de referencia hacia mi persona -trabajo, hogar- y luego me iría a hacer algo que aún no sé qué es. Más aún, no confirmaría ninguna de estas acciones, me limitaría a decir que, con suerte, seguiría vivo para todos esos supuestos imaginarios.

Y sin embargo, la paradoja: "suponer que" es armar una base para planificar lo que vendría después. Y así, lo desordenado se ordenaría. El caos convergería al cosmos.

Por eso es que se dice tantas veces que vivimos en la hipótesis constante de que las cosas se quedan estáticas donde están y que los hechos ocurrirán de una forma absoluta y determinantemente lógica. Es nuestra necesidad.
Y así es como nos acostumbramos a vivir entre las cómodas ropas del supongo. Hasta que quedamos, de repente, desnudos en la nada, que no es más que otro lado, y nos perdemos cual si fuera el infinito ante nosotros.

El correr del tiempo será, por siempre, el misterio que más me atrae. Mas, supongo, ya lo superaré.

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