Con la piel seca, de cal
la caricia siempre deja una sensación de ausencia, de insustancial:
"No pienses en mañana", dice, pero al tacto ya no reconforta;
su consuelo sabe a sal.
Es que en el calor del verano, la sequía no vende,
el sacrificio no sirve,
el Sol ya no ilumina: ahoga, y el agua,
sólo el agua salva.
Pero ya no hay agua, sino el espejismo que armaste.
Sólo hay desierto,
la piel seca;
de cal, y de sal.
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