Fue en tus caricias,
entre tus cabellos
que perdí sin querer un trozo de granito,
sin darme cuenta, sin saber cómo, menos aún dónde.
Fue en tus caricias,
por la noche
que recordé todos los colores,
sus tonos, sus sensaciones, sus rostros.
Fue en tus caricias,
entre tus besos de miel
que entendí todas las cosas juntas,
que el universo cupo entero en un abrazo sincero,
que todas las imágenes se volvieron una,
y todas las emociones se plasmaron en mis ojos.
Fue en tus caricias,
quién sabe cuándo
que te entregué mi sangre sin saberlo,
que me encontraste, tendido en bandeja de plata,
y que me robaste, ¡ay!, sin dolor
un poco de mi vida.
Y fue entonces, en tus caricias
que te llevaste esa noche
por un lado, la piedra que yacía a mis espaldas,
y por el otro, la vida;
que latía, tibia, en mis entrañas.
Labels: Poesía Narrativa
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