Day 19 Part 19

| .Subió un escalón.
Qué vida que había tenido. Una vida de novela; digna de cualquier tragedia griega. Recordaba con la mirada perdida sus primeros pasos en la academia, sus primeras medallas. No pudo contener una débil sonrisa al recordar su primer escenario, y cada uno de los aplausos. Sí, definitivamente su vida no era una común, la suya ya ni una vida era. Era más bien la obra maestra de un pianista virtuoso, de un artista sublime.
Subió un escalón.
A veces las piernas le resultaban pesadas. Pocos sabían en realidad que cada aplauso merecido y cada medalla, cada trofeo recibido no hacía más que hundir su historia aún más en el barro. Recordó con el corazón acongojado aquella tarde infiel, cada insulto de su madre; recordó con dolorosa angustia la muerte de su padre; los pecados del amante acobardado. Más no pudo ni una lágrima dedicarles, cada grito suyo había sido desoído en pos de su imagen.
Subió un escalón.
Comenzaba a sentirse un poco más libre, el aire de la terraza le hacía bien a sus convulsionados pulmones. Era una fresca tarde de otoño en la ciudad, su sobretodo oscuro hacía juego con las nubes grises que lo observaban. Se paró sobre la cornisa, y esperó a la última brisna de viento, ese viento otoñal, tan porteño; que desde muy chico había admirado. Extendió los brazos, y se dejó caer de espaldas.
Ah, qué final tan solemne para una vida sin par. Se sintió volando por el aire, el peso de su cuerpo ya no sería nunca más una molestia. Sonreía, por primera vez en muchos años sonreía con total sinceridad; y miraba con sus ojos de poeta cada imagen que mantenía bien guardada en su mente. Recordó alegre su último solo en un teatro, recordó los aplausos que estallaron en conmoción; recordó cada minuto de cada pieza armónica que había sabido disfrutar. Los pisos del edificio se apilaban bajo sus pies a un ritmo increíble, casi tan rápido como rápido se sucedían los latidos de su corazón. Y siguió volando, siguió sonriendo. Vio a su madre besándolo el día de su cumpleaños, a su pequeño hermano cuidándolo en enfermedad. Vio pasar la imagen de su padre, tan austero, tan sagaz; prestándole libros de Poe, de Lem, de Asimov. Sintió cada beso con cada amante otra vez, sintió el aroma de los jazmines blancos en su aniversario. Se le iluminó el rostro con la luz de aquel amanecer en la playa, y con tantas navidades bajo la luz de la vela. Y abajo en la acera la gente gritaba de horror, gente que horas antes le había dedicado una ovación. Ah, se sintió volando, se sintió respirando. Se sintió vivo, tan vivo como esa sola lágrima que dejó rodar.
Y tras morir, subió otro escalón más. |



| .Raziel. |

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