| .Brazos extendidos, mirada al cielo. Gota a gota, los de arriba lloran y humedecen mis pestañas. El tornado se desahoga y las sombras se dejan oír. En la lejanía, un murmullo de árboles quejándose de la realidad que les ha tocado vivir. De brazos extendidos, en medio del claro del bosque, mis ojos se cierran en un reflejo de luna. Y el aleteo de mis ropas hace las veces de corazón agonizante. Un relámpago oscurece la razón, y el pasto gris del anochecer susurra blasfemias al pasar.
Las nubes se borraron del mar.
¿Cuánto tiempo más? Mis pies resisten la tentación de rendirse, mis muñecas apuntan al más allá. Tus uñas amenazan mi integridad, desafiantes marcapasos que no dejan de caminar tras cada puerta, tras cada umbral, detrás de las vidrieras, bajo la alfombra y en el placard. El frío suspiro del viento me indica que aún queda mucho por esquivar, demasiado por superar y tan sólo un poco más por esperar. Mis dedos tiemblan, aunque el agua les hace bien. ¿Se quebrará el espejo familiar?
No hay navíos donde no se puede navegar.
La furia no pudo esperar, marchando ya van los no tan santos aires de recriminación. Cada músculo de mi cuerpo se tensiona y sin embargo mi sonrisa es indeleble; no hay cosa más frustrante para un ambiente enloquecido que un poco de confidencialidad. Y aún así, el pantano se recrudece en castigo y empieza a obstruír mi respirar. ¿Saldrá un rayo de luz inminente, o deberé ser el mártir de la eterna paciencia, del compromiso ideal?
Mi responsabilidad hoy ya no abarca penas. |
| .Raziel. |
Labels: Poesía Narrativa
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