| .Una hoja pasó volando. Una hoja, marchita, completamente seca; arrastrada por el viento de una tarde otoñal. Revoloteó sobre el aire, triste y pálida; frágil. Bailó un lento minué y al pasar murmuró tu nombre. Quizás se haya olvidado de mí pero te recuerda tal cual sos; con cada una de tus sonrisas; cada uno de tus desvelos. Pobre, la hoja me causaba lástima. Trágica; destinada a flotar perdida hasta terminar en cenizas. Tuvo suerte, al soplar el viento la posó sobre la rama de un árbol con suma delicadeza; y tuvo un descanso temporal. Quién sabe qué habrá sido de esa hoja; de esa hoja y de tantas otras que revuelven perdidas el aire húmedo de esta Buenos Aires entristecida. Probablemente hoy sea cenizas; destrozada por algún pie pasajero o por una fogata de domingo. Y sin embargo, cenizas y todo; la hoja tuvo al menos la suerte de saber desde sus inicios cuál iba a ser su muerte; cómo iba a ser su vida; y qué sentido y qué objetivo ésta tenía.
Qué triste es darse cuenta tan tarde tan fuerte que no hay más escapatoria; que la vida y la muerte son causa y efecto de ser y que ser no es más que existir. Existir para ser; ser un ser vivo que vive y muere para dejar de existir. |
| .Raziel. |
Labels: Poesía Narrativa
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