Se van. Todos, con todo, se van. Todo, con todos, también se va.
Se van los minutos, y con ellos todos los segundos. Se van los días, meses y años con ellos.
Se van las personas, y con ellas los recuerdos, y con ellos la memoria, y con ella los amores.
Se van los veranos, y con ellos se van las pasiones, la primavera y las flores, el invierno y la nieve, se va también el otoño y con él y con ellos se va el romanticismo, y con él se van los romances.
Se van las heridas, se van las cicatrices, se van los dolores. Se van las sonrisas, se van las emociones, se van los sentimientos. Y todos se van con las expresiones.
Se van las edades, una detrás de otra, y a la larga se va la infancia, la juventud y la adultez. Hasta, a veces, se termina yendo la vejez también...
Se van las nubes, sus lluvias, los vientos y sus aromas, se van las tempestades, se van con ellos los dramas, se van los truenos y las predicciones, se van los augurios con las palomas que se van con el calor que se va, con el frío que se va a ir.
Se van, así, las cosas, desde las más abstractas como el amor hasta las que son tan concretas como la piedra misma que también se va. Se va, entonces, todo, y con todo todo se va, y con todos, y todos se van, se van con todo. Hasta la nada misma puede irse, porque no hay nada si no hay vida y la vida, al final, también se va. Se van las palabras.
Se van porque no se puede vivir. Se van porque no se puede. Se van porque no. Se van.
Labels: Poesía Narrativa
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