Todo vuelve (o será que nunca se va) y con vos volvió (quizás, nunca se fue) la bronca, volvió la bronca y con ella apareció la lujuria, con ella y con la primavera, y quizás con vos también. Y volvieron entonces todos los demás: Los sueños perdidos en la memoria, los deseos incumplidos y los anhelos olvidados; como así volvieron la sed de venganza, de un poco de sangre, de un poco de sexo, de lágrimas. Todo volvió, otra vez, a mezclarse; aunque esta vez ya no es tanto por vos, diría que se mezclaron por mí; por tradición y costumbre hechas carne y hueso. Y de carne hablando, con vos volvió la carne fresca, y la carne podrida también, y los colgajos de piel vieja y cansada, y los ojos brillantes y las pieles erizadas. Es Primavera y es Otoño a la vez, porque cual flores con hojas secas, calor con viento frío, no me decido entre dejar o prohibir, entre elegir o dar opción, entre cantarte una melodía o gritarte blasfemias. Así y todo, ni pienses que sos causante razón y circunstancia. Nada más sos un nuevo detonante como tantos otros, tantos otros años, tantas otras veces. Y mientras tanto pasan los detonantes y las explosiones. Y pasan las emociones. Y vuelve, como todo, como tantas otras veces, vuelve la duda entre ese rítmico ruido obsceno tan de moda, o la alegría de compartir.
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