Una decisión

Esto ya es un combate cuerpo a cuerpo, quizás con mucho más cuerpo del que yo hubiese querido. No fue mi culpa, dejame decirte. En general, no recurro a las armas hasta no haber agotado la diplomacia. Y creo, dadas las circunstancias, que me declaraste la guerra. Y no me dejaste opción.
Me gustaría saber por qué. Nunca entendí bien tus problemas, sé que hay revoluciones internas y guerras civiles que atender por allí; pero no sabía que podían ser tan cruentas como para llegar a la guerra lisa y llana. Si algún día se puede, podrías contarme cuál fue tu estrategia para conmigo, me interesaría saber la causalidad (porque, vamos, ya nada es casualidad) de todo esto.
Como sea, debo advertirte: Por más que me duela, tendré que acorralarte entre la espada y la pared. No voy a dejarme derrotar, por más que tengamos espíritus hermanos y que, yo considero, deberían unirse lejos de matarse mutuamente. Por más que todos me vean como un loco, yo respondo a los ataques externos. Yo me defiendo.
Y no dejaré que invadas mis tierras. Donde yo marqué la raya es donde deberías haberte quedado, y ya es muy tarde para arrepentimientos. ¡Qué lástima! Pelear contra vos. Pero así lo quiso el tiempo.
No intentes hablarme mientras dure la batalla. Si fuera por mí, ya mismo estarías aquí como uno más, mi hogar sería también el tuyo y tuyos serían también mis halagos. Y sí, ¡sí que me lastima hacer todo esto!. Yo no quiero confrontamientos, la paz es mi ambiente y deberías saberlo.
Pero ya es tarde, está en tus manos emprender la retirada y hasta entonces seguiré al frente de mis tropas. No me rendiré, y espero que logres matarme. ¿Por qué? Porque, sinceramente, creo que la cobardía te hizo tapar las verdades con sangre. Y si llegase mi hora final, creo que no te animarías a cortarme la yugular.
Espero que puedas, porque sino sería una lástima. Eso sí, te prometo: Siempre lloraré tu muerte

0 comments:

Newer Post Older Post Home